Aceites artesanales, hechos con Blanqueta, Alfafarenca y Picual. Tradición que perdura
De olivos centenarios a tu mesa: la tradición que se saborea.
El nombre Torcus nace de la torcularia. Quisimos honrar aquellas prensas romanas que dieron vida a los primeros aceites de la región. «Torcus» es un guiño a su legado: tradición, comunidad y respeto por el fruto.
Como la torcularia, trabajamos en cooperativa. Uniendo fuerzas, como hicieron los romanos, para crear algo que trascienda: aceites con alma histórica.
La torcularia era el corazón de las almazaras romanas. Una prensa de madera y piedra que, con contrapesos, extraía el aceite sin alterar su esencia. Lenta, pero efectiva: así se creaban aceites intensos y sabrosos.
En las montañas de Alicante, estas prensas dejaron huella. Hoy, yacimientos arqueológicos nos recuerdan que aquí nació una tradición oleica que aún perdura.
En las montañas de Alicante, la torcularia fue clave para la economía y cultura romana. Estas prensas no solo extraían aceite: eran símbolo de progreso. Los romanos las instalaban en villae (haciendas rurales), que funcionaban como centros de producción.
La zona, con su clima mediterráneo y suelos ricos, era ideal para olivos. Las torcularias permitían procesar grandes cosechas, creando aceites intensos que se exportaban por el Mediterráneo. Sin ellas, el «Oli de Alacant» (aceite de Alicante) no habría llegado a Roma, Hispania o el norte de África.
Las torcularias romanizaron el territorio. En Alicante, su presencia marcó el paisaje: restos de prensas, depósitos de opus signinum (hormigón romano) y contrapesos de piedra se han hallado en yacimientos como Lucentum (Alicante) o cerca de Saetabis (Xàtiva).
Estas estructuras unían tecnología y comunidad. Las villae con torcularias eran núcleos sociales: allí trabajaban esclavos, artesanos y campesinos. El aceite no solo alimentaba: era moneda de cambio, medicina y hasta combustible para lámparas.
Los romanos valoraban los aceites hispanos por su intensidad. En Alicante, la torcularia permitía prensados lentos y en frío, lo que potenciaba el amargor y aroma de variedades como la Blanqueta. Este perfil «picante» aún define a los aceites locales.
Textos antiguos mencionan su uso en cocina y rituales. Hoy, Torcus rescata ese carácter único, usando métodos que respetan la tradición: cosecha manual, extracción cuidadosa y trabajo en cooperativa, como aquellas villae romanas.
Nuestro nombre rinde homenaje a esas prensas milenarias. En las almazaras de Alicante, elaboramos con extracción en frío, igual que antaño. Usamos variedades autóctonas (Blanqueta, Alfafarenca, Picual) y técnicas que preservan el alma del aceite.
Cada botella Torcus es un viaje al pasado romano. Un aceite que nace donde las torcularias escribieron la primera página de nuestra historia oleica. ¿Listo para probarlo?
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